Dos hermosos poemas de ADA SALAS

SENTÉMONOS
aquí
como usureros
a la mesa del tiempo.
Pesemos una a una
las monedas
(de dónde ésta
brillante
ésta llegada
ésta
sin relieve ninguno
pura cuchilla
al tacto)
Mi tesoro
decís.
El simple
desperdicio.
La baba
de babosa
de una experiencia intacta.
Se puede estar así
sobre la vida
en una pata sola como hacen los impúdicos
flamencos
con toda su belleza. O se puede
pesar
sobre la tierra
con el alma de bruces.
Vengámonos
al fango. Hay tiempo aún
para reconocerse.
Como lo hacen
asperos y ciegos
los cocodrilos y los rinocerontes.
sin un quejido, con mucho asco
Son millones y millones de palabras y ni una sola brizna de miseria se modifica.
Lo único biodegradable que nos queda es la mierda. La mezquindad, la sangrienta codicia, la corrupción mas devastadora, las falacias demoledoras, un sin fin de baratijas llenando los escaparates de los días, todo, todo se perpetua inconmovible ante el dolor y la soledad mas insoportable, se perpetua y se soporta haciéndonos bárbaros irremediablemente, bárbaros asolados sin lugar ni fin posibles.
Pero no hay la mas mínima posibilidad de hacer otra cosa que enfrentar todo esto, llenos de impotencia y de asco, desbrozar el sometimiento, saber que la muerte jamas sera un deseo y menos para los muertos; solo la vida por delante que es decir solo la dignidad de la resistencia, erguirnos, ponernos en pie, tomar los sueños en nuestras manos y desde el silencio mas radical, desde las entrañas de este vacío espectacular decir no a esta mortal mentira.
Y mas palabras me llenan de fieras este olvido del hombre.
Tan pobres, todos, tan pobres y genocidas. Suicidas sin vida que valga.



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